American Factory

Articulo original escrito por Kaiser Kuo

Haciendo a un lado algunas sutilezas, American Factory sirve una gran cantidad de humanismo y es rico tanto en empatía y trivialidad, con momentos de comedia inintencionada y conciencia de uno mismo. La película actualmente es ampliamente discutida en China, y sin duda servirá como una piedra de toque en Estados Unidos.

En un día de invierno en Diciembre del 2008, la fábrica de General Motors en las afueras de Dayton, Ohio, es clausurada; la última víctima de una crisis financiera sin fondo que marcó el comienzo de la gran recesión. Miles de empleos se perdieron. Pero años después, hay un rayo de esperanza: Una compañía china adquiere la planta y la transforma en una instalación moderna para la producción de vidrio automotriz. Fuyao Glass America llega, y está contratando. Los salarios fuera del sindicato que ofrece son sólo la mitad de lo que los trabajadores estadounidenses llevaban a casa, pero es una oportunidad para reconstruir una comunidad devastada. Un equipo optimista de estadounidenses y chinos izan las velas del optimismo.

No es difícil adivinar qué sigue. Un abismo cultural, profundas diferencias en actitud, y puntos ciegos en ambos lados llevan a conflictos que amenazan con volcar esta nave de buenas intenciones. Y no puedes apartar la vista.

Difícilmente pudo haber llegado American Factory en un mejor momento. Dirigido por Steven Bognar y Julia Reichert, la película ha llamado la atención como la primera producción elaborada por Higher Ground, una compañía de Barack y Michelle Obama. American Factory es un punto focal casi perfecto de las conversaciones espinosas que los estadounidenses tienen acerca de la relación bilateral entre Estados Unidos y China, globalización, automatización, el futuro del trabajo, y la competitividad estadounidense.

Bognar y Reichart se merecen el crédito por su aproximación imparcial y meticulosa; una visión que da la ilusión, al menos, de que se han abstenido de hacer ediciones, y simplemente han permitido que los personajes hablen por sí mismos. Esta imparcialidad es la que permite que la complejidad salga a flote. Para asegurarse de ello, los directores se dan la libertad de hacer un poco de manipulación. En un punto, por ejemplo, se cambia la cronología, para que el viaje de algunos empleados de la compañía a los cuarteles generales de Fuyao en Fuqing, al sur de China, en el que participan en la celebración del Año Nuevo Chino parece ocurrir antes de que se tome la decisión de cambiar la gerencia de Fuyao Glass America, que ocurre durante la Navidad.

La gerencia de Fuyao Glass merece una mención honorífica por darle a Bognar y a Reichart este tipo de acceso. Un gerente estadounidense echando humo e injuriando al senador de Ohio Sherrod Brown por atreverse a apoyar la sindicalización en su discurso en la apertura de la ceremonia; reflexiones por los gerentes chinos sobre la naturaleza de la sociedad estadounidense y sus trabajadores, algunas muy adecuadas, algunas simples caricaturas; confrontaciones entre trabajadores y gerentes, y varias violaciones de seguridad aparentes constituyen este documental.

El drama de American Factory se centra en los esfuerzos de algunos empleados de organizar un capítulo de los Trabajadores de Autos Unidos (UAW por sus siglas en inglés) en Fuyao Glass America. Todos tienen presente la ironía de que el equipo de los cuarteles generales de Fuyao (donde la oficina del comité del partido está decorada con fotos de Mao Zedong, Deng Xiaoping, Jiang Zemin, Hu Jintao y Xi Jinping) apoyan el triunfo de aquellos que tienen los medios de producción contra los trabajadores.

Sin embargo, lo que se pierde en la traducción es muy revelador. En una escena, un empleado estadounidense blanco que habla mandarín no dice los tonos con precisión y genera un malentendido cómico. Mientras habla con un colega basado en Fuqing durante la visita a los cuarteles generales, queda claro en el contexto que los estadounidenses intentan describir a los empleados estadounidenses como “flojos”. Los subtítulos en inglés lo traducen correctamente, pero la trasliteración sobreestima el dominio de los tonos: Los subtítulos en chino lo trascriben como “太烂了”, que son “muy malos” o “están podridos”. Su colega chino así lo interpreta, y habla en defensa de ellos diciendo: “Sólo es su naturaleza. No son malos. Cada persona puede cambiar.”

En este caso, la traducción estuvo bien, pero en otros casos, no tanto. Los términos chinos que pueden ser muy ofensivos se liman: Laowai, que para muchos extranjeros en China es peyorativo, cuando no es racista, se traduce simplemente como “estadounidense”. Y una expresión china inocente se traduce como una gran ofensa. Un gerente experimentado de la planta que le enseña al personal chino sobre el manejo de personal estadounidense utiliza la expresión 顺毛驴 para describir la manera en la que, según él, responden mejor los estadounidenses a través del refuerzo positivo, en lugar de un castigo. La expresión literalmente es “ir en el sentido del pelo del burro”, sugiriendo que cepillar al animal en la dirección en la que va el pelo lo tranquiliza, mientras que cepillar en la dirección contraria hará que te patee. En Chino, la frase no es ni remotamente ofensiva, menos deshumanizante. La indignación estadounidense es más apropiada para algunas escenas que cruzan la línea de la vergüenza corporal.

Pero estos son pormenores. American Factory ofrece un punto de vista humano que se acerca al sentimentalismo, de manera notoria en la relación entre Wong, un ingeniero de horno, y Rob, el motorista dueño de una pistola quien supervisa el horno. La película es cortesía del dueño y fundador Cao Dewang (曹德旺).

Hay algunas escenas que harán que hasta el más veterano experto de China se sienta incómodo. La película es actualmente discutida en China, donde encaja perfectamente en discusiones sobre la cultura de “996” en la que se trabaja de 9 a 9, seis días a la semana. Sin lugar a dudas, es una importante piedra de toque en Estados Unidos, ya que se acerca el año de elecciones y los estadounidenses, cpaitalistas y trabajadores por igual, tratan de descifrar los retos de la competencia mundial, la robótica avanzada, y el ascenso de China.

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