Este artículo es una traducción del original What a tragic traffic accident says about Chinese social ethics, publicado por Huang Haifeng para Six Tone.

Una grabación de video de un horrible incidente de tráfico más ha tomado a los medios chinos. Después de ser golpeada y caer al suelo por un taxi, una mujer yace boca abajo en una calle transitada. El taxi sigue adelante, aunque sus dos ocupantes son detenidos después; ninguno de los transeúntes o conductores se detiene a ayudar a la mujer en la escena, aunque más de una docena reportaron el accidente a la policía. La mujer es atropellada por otro vehículo y después muere por las lesiones.

El accidente en realidad ocurrió en abril del 2017 en Zhumadian, una ciudad en la provincia central de Henan, pero el video de seguridad salió a la luz apenas la semana pasada. Como en previos escándalos similares, los usuarios culparon a los chinos por supuesta apatía, falta de valores éticos adecuados o por el eterno problema de bajo suzhi – un término chino más o menos equivalente a conciencia civil que es comunmente citado como un impedimento para incorporar una sociedad civilizada.

Mi trabajo reciente en el Journal of Contemporary China analiza los discursos prevalentes utilizando teoría de juegos, el estudio de modelos matemáticos de conflicto y la cooperación entre tomadores de decisiones racionales. Demostré que es erróneo simplemente atribuir muchos de los malestares sociales de China a la supuesta falta de suzhi o ética en la gente. De hecho, el problema frecuentemente no está en los valores de los individuos, sino en las expectativas del comportamiento de la gente en interacciones sociales que pueden llevar a múltiples resultados potenciales. Sin expectativas sociales favorables que lleven a que los ciudadanos actúen en interés de extraños, incluso gente compasiva pasará de lado – un comportamiento que caracteriza a muchos de los fenómenos sociales en la China contemporánea.

Ya que mi trabajo fue publicado antes del incidente de Zhumadian, no analiza al incidente mismo, aunque sí hace referencia al controversial caso de Peng Yu, quien en la mente de muchos es un punto de inicio importante para comprender la ostensible renuencia de los chinos a ayudar a extraños en años recientes.

en el caso de Peng Yu, muchos espectadores acusaron a Peng como el responsable del accidente

En 2006, un joven llamado Peng Yu, de Nanjing, al este de la provincia de Jiangsu, ayudó a llevar al hospital a una mujer anciana que se había caído y que yacía en el suelo lastimada cerca de un autobús. Peng además pagó por el tratamiento médico. Más tarde, la mujer lo demandó, afirmando que Peng le había golpeado mientras bajaba del autobús, haciendo que ella cayera. La mujer pidió una compensación, y el juez falló a su favor, argumentando que bajo circunstancias normales, nadie llevaría a un extraño al hospital, mucho menos pagaría sus gastos médicos – a menos que fueran de alguna forma responsables de la lesión.

Después del fallo, los medios chinos reportaron numerosos casos en los que supuestos buenos samaritanos fueron demandados por la gente a la que ayudaron. Desde entonces, los ciudadanos han condenado tanto en las redes como públicamente el vacío ético de gente que demanda a sus salvadores, afirmando que el miedo a la acción legal ha reducido aún más el altruismo. Pero, ¿es acaso la ética el verdadero núcleo del asunto? ¿O será que los demandantes en tales casos son en realidad gente razonable, y es algo más lo que causa el problema social?

Para responder a estas preguntas, elaboré un modelo de juego teórico sencillo para analizar las posibles interacciones entre una persona anciana ficticia que cae al suelo y un peatón. Dada la edad y el estado mental confuso de la persona, el modelo asume que no recuerdan bien cómo es que cayeron.

Mi modelo demuestra que hay múltiples “equilibrios” – estable, prevaleciendo las normas sociales – que pueden ocurrir de este tipo de situaciones. Tienen menos que ver con los supuestos valores éticos de cada participante individual, y más con las expectativas sociales sobre si un peatón aleatorio ayudaría a alguien necesitado.

Al final, el resultado es muy intuitivo. Si la sociedad generalmente espera que el peatón ofrezca ayuda, sean o no responsables de la caída, la persona anciana no tiene motivos para sospechar que la persona que le ayuda es la culpable de su accidente. Esto quiere decir que es menos probable que le demanden, y el peatón, anticipando que no habrá ningún daño si interviene, es más probable que ayude.

Por otro lado, si la sociedad comunmente espera que sólo los responsables de la caída de alguien sean quienes dan ayuda, la persona anciana tiene motivos para creer que su ostensible buen samaritano en realidad ocasionó el accidente en primer lugar, y por lo tanto es más probable que busque acciones legales en su contra. Los peatones que no son responsables del accidente a la vez serán disuadidos a ayudar, y aquellos responsables de la caída puede ser que ayuden o no, dependiendo de varias circunstancias, incluyendo la seriedad de la lesión.

El peor escenario es este: Primero, la caída es seria. Segundo, la sociedad no espera que el peatón le ayude sin importar la responsabilidad de la caída. Tercero, si alguien ayuda, la sociedad piensa que lo más probable es que el peatón haya sido el responsable de la caída. Al final, casi nadie ayuda a la persona anciana, y en cambio esta demanda a quien le ofrezca ayuda.

En otras palabras, casos como estos que ocurrieron en Nanjing y Zhumadian, los resultados probablemente no digan mucho sobre la relevancia de la ética personal del individuo. En su lugar, dicen mucho más sobre las expectativas sociales en China y cómo la gente es más propensa a pensar que de una mala jugada cuando otras personas acuden a su auxilio.

Ciertamente varias investigaciones demuestran que la gente involucrada en casos contra quienes les han ofrecido ayuda en general son personas que siguen la ley y sin registro previo de comportamiento extorsivo. Frecuentemente, sin embargo, el público salta a la conclusión en cada caso, desacreditando el supuesto comportamiento deshonesto del acusante y expresando apoyo al acusado.

Pero estas conclusiones son muy seguido apresuradas. Años después de que se le dijo a Peng que tenía que pagar una compensación a la mujer que ayudó, él admitió que le había golpeado accidentalmente mientras descendía del autobús, provocando su caída.

Regresando al incidente de Zhumadian, si los chinos no se preocuparan por otras personas, ¿cómo es que tantas personas llamaron a la policía después del incidente? ¿Por qué tantos usuarios de internet se sienten indignados sobre lo que ocurrió?

Por supuesto, el caso de Zhumadian es distinto del de Nanjing en dos puntos. El primero, muchos más espectadores atestiguaron el accidente en Zhumadian. Segundo, en Zhumadian fueron los espectadores quienes fueron acusados de tener poca ética, no la víctima del accidente de tráfico.

Sin embargo, el análisis de la teoría de juegos muestra que mientras aumenta el número de espectadores, la posibilidad de que alguno ofrezca ayuda disminuye, así como disminuye la posibilidad de que alguien del grupo de ayuda. Como resultado, es más probable que los espectadores ayuden cuando son la única persona alrededor. Esto explica el llamado efecto espectador que los psicólogos descubrieron después del brutal asesinato de Kitty Genovese en Nueva York en 1964.

Efecto espectador: Mientras más personas atestigüen un accidente, menos probable es que actúen.

Los discursos que culpan la falta de suzhi o carencia de ética como fuente principal de muchos malestares de China permean en el discurso oficial, en discusiones intelectuales y en el habla popular. Sin embargo, un análisis más cercano demuestra que el problema real muy seguido no es sobre los valores individuales, sino sobre las expectativas y creencias sociales. En otras palabras, no es sobre ética, sino sobre equilibrios.

La cuestión sobre cómo cambiar las expectativas sociales para inducir a un buen equilibrio es compleja. Pero algo que los medios deberían de hacer es evitar el sensacionalismo de incidentes como el que ocurrió en Zhumadian, ya que sólo bajan las expectativas aún más. También deberíamos motivar a expandir la “energía positiva” por ejemplo circulando historias inspiradoras para hacer que más gente sea optimista y tenga esperanzas en lo que al contrario es un ambiente social pesimista y cínico. Pero el gobierno debe abstenerse de convertirlo en una campaña de propaganda, ya que podría provocar un mayor cinismo del público.

Las expectativas sociales frecuentemente se dice que son “pegadizas” porque cambiarlas requiere de que mucha gente reconsidere sus creencias al mismo tiempo. Esto no pasa de la noche a la mañana, y probablemente requiera más que directivas verticales para que los ciudadanos se cuiden los unos a los otros. Cultivar expectativas sociales favorables es por lo tanto un verdadero reto para lograr una sociedad benévola, altruista y civilizada, tanto en China como en cualquier otro lugar.