En octubre de 2018, el vicepresidente Mike Pence dio una visita al Hudson Institute, un Think Tank conservador con sede en Washington DC, para dar un discurso sobre la relación de Estados Unidos con China. Erguido y con una corbata azul brillante, comenzó su discurso acusando al Partido Comunista Chino de interferir en la política estadounidense y de instruir a los negocios chinos para que robaran propiedad intelectual estadounidense “por todos los medios necesarios”. Pence luego dirigió su atención a los abusos de derechos humanos en el país. Pero en lugar de mencionar la persecución de minorías, un lugar común al hablar del tema, Pence mencionó el proyecto del crédito social. “Para el 2020, los gobernadores de China tienen como objetivo implementar un sistema orwelliano basado en controlar virtualmente cualquier aspecto de la vida de las personas, el llamado ‘puntaje del crédito social'”, dijo Pence. “En palabras del proyecto original, ‘permitirá a la gente confiable caminar libremente por donde quiera bajo el cielo, pero será difícil para los desacreditados incluso dar un paso'”.

Mike Pence en su discurso en Hudson Institute

Los comentarios del vicepresidente hicieron eco en reportes de medios occidentales, quienes pintaron el sistema de crédito social de China como una pesadilla distópica salida de Black Mirror. Los artículos presentaban segmentos de video en los que decían que el gobierno central de China está utilizando algoritmos futiristas para compilar las conexiones de personas en redes sociales, historiales de compras, información de direcciones, y más en un sistema de puntuación único que dicta sus derechos y libertades. Supuestamente, el gobierno puede analizar videos a través de millones de cámaras de vigilancia equipadas con reconocimiento facial y restar puntos por el mal comportamiento de los ciudadanos, incluyendo cruzar la calle en rojo o jugar muchos videojuegos.

La realidad del crédito social

reconocimiento facial en China

La realidad es que no existe un sistema de puntuación único asignado a cada individuo en China, o al menos no aún. El proyecto oficial al que se refirió Pence es un documento de su planeación publicado por el director del cuerpo administrativo de China hace cinco años. Llama al establecimiento de un sistema nacional para registrar el grado de confiabilidad en ciudadanos, corporaciones y oficiales de gobierno. El gobierno chino y los medios del estado dicen que el proyecto está diseñado para promover la confianza pública y resolver problemas como corrupción y fraudes financieros. Críticos occidentales frecuentemente ven al sistema de crédito social como un aparato de supervisión intrusivo para castigar a disidentes y violar la privacidad de la gente.

Hace tan sólo un año pasó la fecha impuesta por el gobierno mismo para establecer las leyes y los reglamentos para la gobernanza del crédito social. De acuerdo a investigadores legales chinos, el sistema está lejos de ser punta de lanza, o el Gran Hermano retratado en el imaginario popular occidental. “En realidad creo que hay más estadounidenses que han oído hablar del crédito social chino que chinos”, dice Jeremy Daum, investigador senior en la escuela de derecho Paul Tsai China Center de la Universidad de Yale en Beijing. Como existe ahora, el sistema es más bien un conjunto de parches de proyectos pilotos regionales, con pocos indicios de algo que pueda implementarse a escala nacional.

Esto no quiere decir que la preocupación del crédito social no tenga fundamento. El gobierno chino ya está utilizando nuevas tecnologías para censurar el internet, y el número de teléfono de cada persona y su actividad en línea están relacionados a un número de identificación único y con nombre real. La tecnología de reconocimiento facial también es cada vez más generalizada en China, con pocas restricciones sobre cómo puede ser utilizado para rastrear y vigilar a los ciudadanos. Los abusos más perturbadores pueden verse en la lejana provincia de Xinjiang, donde el gobierno detiene y vigila a millones de personas de la minoría Uigur.

Pero las preocupaciones de occidente sobre qué podría pasar con el sistema de crédito social chino han pasado por alto lo que ya está ocurriendo Las críticas se enfocan en el peor escenario en un futuro muy lejano, y corren el riesgo de minimizar los aspectos problemáticos del proyecto hoy en día. Los retratos exagerados también ayudan a minimizar los esfuerzos de aumentar la supervición en otras partes del mundo. “Ya que China es con frecuencia considerado como el extremo dentro del espectro, creo que mueve la barra para el resto de la conversación,” dice Daum. “Así que cualquier cosa que sea menos invasiva que nuestra versión imaginada del crédito social parece más aceptable, porque al menos no estamos tan mal como en China.”

Cómo se originó el malentendido

sistema de crédito social en China

Una de las primeras publicaciones acerca del crédito social en occidente pertenece a una fuente inesperada: La Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos, que no opera en China. Como parte de su trabajo como analista político en la conferencia de ACLU, Jay Stanley escribió un blog sobre amenazas emergentes a las libertades civiles. El 5 de octubre de 2015 publicó una entrada titulada “La pesadilla de un puntaje a ciudadanos chinos es una alarma para los estadounidenses”. El artículo es representativo de mucho del estilo inicial de cobertura, que frecuentemente se basa en información de segunda mano, en lugar de investigación de campo. El post de Stanley hace referencias a una historia similar de Privacy News Online, la cual a la vez está basada en un artículo de un sitio sueco.

Hoy en día, Stanley dice que tenía la intención de subrayar el programa como una advertencia para Estados Unidos. “Realmente parecía que el artículo estaba señalando un potencial futuro obscuro,” dice. “Honestamente había muchas señales y similitudes con cosas ocurriendo en Estados Unidos, como perfiles digitales. El post de ACLU no fue el único en usar el sistema de crédito chino como una forma de llamar la atención sobre problemas de privacidad y vigilancia en occidente. “Mientras más buscaba, más parecía que el sistema de crédito social estadounidense se estaba formando a nuestro alrededor, y se parecía al chino,” dice Casey Newton, escritor en The Verge, quien publicó un artículo al respecto. The Atlantic publicó una historia similar titulada “La tecnología distópica de China podría ser contagiosa”.

Mientras que varios reporteros y académicos han tratado de corregir el registro, los mitos de ciencia ficción en torno al sistema de crédito social de China continúan en occidente. “Hay mucho de lo que se ha escrito que está mal, y ha cobrado vida por sí mismo,” dice Shazed Ameda, un estudiante de doctorado en la Universidad de California en Berkeley, quien estudia el sistema de crédito social. “Veo artículos que hacen referencia a textos del 2014 o 2015 y que creo que hace mucho fueron desmitificados.”

La confusión es comprensible. Primero, está la barrera del idioma. Daum dice que la frase “crédito social” tiene una connotación distinta en inglés y en chino. Para un hablante de inglés, las dos palabras pueden hacer referencia a relaciones interpersonales. En chino, el término es más asociado a la frase “confianza pública”. También está el obstáculo lingüístico de decifrar documentos densamente legales. “Creo que el idioma es realmente una barrera,” dice Daum. “Tanto la jerga legal y política, así como las diferencias entre chino e inglés.”

El plan original para el crédito social que fue publicado en el 2014 también es muy ambiguo y no dejó claro en cuál es el fin último del proyecto. “Esperaban que diferentes partes del gobierno, tanto central como local, intentaran sus propias aproximaciones en términos de implementación,” dice Xin Dai, profesor y decano asociado en la Ocean University Law School de China, quien hace investigación relacionada al tema. “Lo se tiene es un escenario realmente enorme pero también caótico, con gente intentando unir diferentes piezas de diferentes programas.”

Por ejemplo, el gobierno se asoció con compañías en la etapa inicial del proyecto, incluyendo “puntajes crediticios” calculados por empresas privadas como el crédito sésamo de Ant Financial. En el 2015 el gobierno chino autorizó a ocho compañías de tecnología, incluyendo Ant Financial para experimentar con sistemas de reporte crediticio en desarrollo. Además de la información financiera, el crédito sésamo también toma en cuenta consideraciones como conexiones en redes sociales y hábitos de consumo, un producto que llamó a atención en occidente.

Para el 2017, el gobierno chino decidió que ninguno de los programas piloto recibiría autorización para ser la medida oficial de medición de crédito, debido al potencial conflicto de interés. Tampoco quedó claro qué tan cerca estarían los programas a los esfuerzos del gobierno, incluso en China. “Creo que los hubo, y todavía hay ciudadanos chinos que no entendieron del todo la diferencia,” dice Ahmed. “Ya que al principio, el crédito sésamo se estaba promoviendo como colaborador en el desarrollo del sistema de crédito social.”

Hoy en día, el crédito sésamo y otras iniciativas en esencia funcionan como programas que compensan la lealtad de sus miembros. Participantes con puntuaciones altas ganan privilegios como rentar una bicicleta sin necesidad de depósito o postergar un pago por gastos médicos, pero las puntuaciones no son parte de un sistema legal, y nadie está obligado a participar.

Los proyectos del estado que han llamado más la atención de occidente son los programas piloto a nivel local. Decenas de ciudades chinas están experimentando con sus propias versiones de crédito social, y algunas han diseñado programas que sí les dan una puntuación a sus ciudadanos. Estas iniciativas no se basan en supervisión masiva o inteligencia artificial recargada, y muchos de los ciudadanos ni siquiera saben que existen. Es difícil generalizar, ya que varían mucho. Algunos por ejemplo, incorporan tecnología de blockchain. Por ahora no queda claro si alguna vez serán adoptados a nivel nacional.

Rongcheng, una ciudad a 500 millas de Beijing, asigna a sus residentes puntuaciones de crédito social individual. De acuerdo a documentos que describen el proyecto, su rango es muy limitado. Para perder puntos en el sistema, se tendría que violar una ley o un reglamento actuales, o romper un contrato. Para mantener “credibilidad excepcional” sólo se tiene que seguir las reglas ya puestas. Los beneficios de mantener un crédito social alto también son modestas, como análisis médicos gratuitos o préstamos libres de interés. “En vista de qué tan fragmentada está la implementación, puedes ver que los diferentes gobiernos no tienen los mismos recursos,” dice Ahmed. “Algunas ciudades pequeñas sólo pueden subsidiar beneficios poco alentadores.”

Listas negras, listas rojas

Crédito Sésamo, una iniciativa de Ant Financial

El principal mecanismo del sistema de crédito social son las listas negras y listas rojas a nivel nacional. Se le solicitó a cada agencia reguladora que elaborara una lista de los peores criminales, negocios e individuos que hubieran violado las regulaciones existentes en la industria. Las listas rojas son exactamente lo opuesto: Listas de compañías y gente que han cumplido puntualmente con sus reportes de crédito. Los archivos se hicieron públicos en una red del partido, llamada Crédito de China, que cualquiera puede utilizar. Es como una forma del Better Business Bureau, o puntuaciones que se les da a restaurantes.

Muchas agencias de regulación han firmado memorándums de entendimiento mutuamente, en los cuales se comprometen a castigar a personas y negocios que estén en la lista negra del otro. Hipotéticamente, si este sistema estuviera en Estados Unidos, un negocio podría tener penalizaciones adicionales de la Agencia de Protección ambiental por romper una regla de Administración de Alimentos y Medicamentos. No hay evidencia de que las redes sociales de los ciudadanos o sus datos de compras estén incorporados aún. “Lo que están haciendo es que los registros sean comuniccados a otras agencias,” dice Daum. “De alguna manera, eso se interpretó como que están viendo todo lo que haces como en un panopticon, cosa que no he visto.”

Muchos investigadores legales chinos sí están preocupados por una base de datos en particular: La Corte Suprema Popular mantiene una lista negra de gente que el gobierno dice que no cumplió con juicios de la corte al no pagar multas, pero también por cosas como no disculparse públicamente por sus acciones. Estar en la lista negra ahora tiene graves consecuencias. Se te puede negar la compra de trenes de alta velocidad, volar en avión, o mandar a tus hijos a una escuela privada. Más de 13 millones de personas estaban en la lista en marzo, de acuerdo a reportes del estado, y el gobierno le prohibió a más de 20 millones de personas la compra de boletos de avión.

Yu-Jie Chen, una abogada taiwanesa en materia de derechos humanos e investigador de posdoctorado en el Institutum Iurisprudentiae de Academia Sinica, dice que la lista impone “capas y capas de castigos con un rango muy amplio, arbitrario y desproporcional” en gente que ya ha sufrido las consecuencias de violar la ley. Chen dice que también le preocupa cómo la lista castiga a gente que no cometió ningún crimen, como a un niño al que se le prohibe asistir a ciertas escuelas por las acciones de su padre. No queda claro si los ciudadanos pueden salir de la lista o si se les puede agregar por accidente, o a pesar de cumplir con las obligaciones impuestas por la corte.

Para aplicar estos castigos, Ahmed escribió que el gobierno está compartiendo listas negras con plataformas tecnológicas. De esa manera, la gente no puede hacer cosas como reservar vuelos o comprar boletos de tren en línea. Los gobiernos locales también están solicitando a compañías de redes sociales para que les ayuden a orquestrar actividades de denuncia pública. En la ciudad sureña de Nanning, TikTok se asoció con la corte local para transmitir fotos de gente en la lista negra entre videos. En la ciudad norteña de Shijiazhuang, la ubicación de gente o empresas en lista negra es visible en WeChat. Estas funciones no son de uso extendido, pero generan preocupación sobre la privacidad de la gente, especialmente si son añadidas por accidente.

El futuro del crédito social

Conforme se acerca la meta del 2020, el sistema de crédito social chino todavía se encuentra en desarrollo. Sin embargo, hay señales de que podría incorporar más formas de recolección de datos pronto. Por ejemplo, de acuerdo a Chen, la página de Crédito de China ya está motivando a usuarios a que se registren y escaneen sus rostros, aunque no es obligatorio. “Así que habrá un elemento de reconocimiento facial si el gobierno puede persuadir a la gente para que lo haga más.”

Mientras tanto, Dai dice que los académicos chinos han comenzado a discutir los riesgos en privacidad que el proyecto lleva consigo. En parte fueron influidos por la atención que recibió el sistema en occidente, a pesar del hecho de que no ha sido retratado con certeza. “Todo esto es tan grande, y varía de un lugar a otro,” dice Dai. “Es fácil malinterpretar sól una parte de ella, sin ver la imagen completa.”

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